Alexia González-Barros González
Aporte de Carlos Vélez. Miembro de Cristo amigo
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Alexia González-Barros González (7 de marzo de 1971, 5 de
diciembre de 1985), una joven española que muere a los quince años por una
enfermedad terminal y que ahora está en proceso de canonización. Su madre,
Moncha González Penas, nos narra la dulce muerte de su hija.
Morir con Jesús en los brazos…
Moncha González Penas
Era el 5 de diciembre y le dije a Alexia:
—Hija, qué cerca estamos de la Navidad, ¿te imaginas con
cuánto cariño le prepararía las cosas la Virgen a Jesús? ¿Verdad que así le
preparas tú tu alma?.
Ella con expresión alegre afirmó:
—Sí.
Entonces empecé a decirle que era el día de Nochebuena,
estábamos en Belén. Unos pastores habían venido muy contentos a comunicar que
en una cueva cercana había nacido el Mesías. La gente se va apresurada
llevándole toda clase de regalos. Alexia es una niña pobre, no tiene nada
porque ya lo ha dado todo, pero no obstante va también hacia el Portal con los
pies descalzos pisando las piedras húmedas y cortando ramos de acebo porque
también ella quiere llevarle un regalo a Jesús. Le comenté:
—Alexia, qué ramo tan bonito has hecho, pincha un poco ¿verdad?
—Pincha fuerte, —afirmó Alexia sonriendo— pero no importa.
Tuve la impresión de que ella se sentía realmente abrazada
al ramo de acebo y con la ilusión de poder adornar con él algún rincón de la
cueva.
Continué diciéndole que llegaba al Portal y con gran cuidado
iba adornando el pesebre con aquellas hojas brillantes salpicadas de bayas
rojas.
—Alexia, ¿quieres que vayamos a buscar musgo? —le pregunté.
Su expresión era como de cansancio y me replicó:
—Musgo, mamá, ¿para qué?
—Para hacer una alfombrita blanda donde puedan pisar San
José y la Virgen, como el suelo es de tierra….
Ella, ante mi razonamiento, de un modo inmediato dijo:
—Ah, sí.
A pesar de la fatiga, Alexia no dudaba en cansarse si con
ello podía proporcionar una pequeña comodidad a San José y Nuestra Señora.
El relato fue largo y minucioso. Alrededor de Alexia
estábamos sólo sus padres y sus hermanos, pero poco a poco la habitación se fue
llenando de aquel personal sanitario que la había atendido durante su
enfermedad con tanto cariño. A medida que se iban enterando que Alexia estaba
en sus últimos momentos acudieron no sólo para acompañarnos sino para estar
cerca de aquella niña que había sido para ellos más que una paciente. Algo
había en Alexia que la hacía muy especial. Una enfermera, días atrás, le había
comentado a uno de los médicos, el doctor. Frizell:
—Cuánto me impresiona entrar en la habitación de Alexia,
¿cómo se puede morir con tanta alegría?",
—Se muere como se vive y Alexia estuvo siempre alegre —fue
la respuesta del doctor.
Conforme iba pasando el tiempo, Alexia respiraba más
lentamente. No tenía ninguna señal de agonía, sin embargo se apreciaba que su
vida se iba extinguiendo lenta e inexorablemente.
Yo seguía con mi relato. Cuando intentaba detenerme un
momento para tomar aliento, ella me decía con cierta insistencia:
—Mamá, más.
Su respiración se iba haciendo más espaciada. Pensando que
no le quedaban más que unos minutos de vida, le dije:
—Alexia, ¿quieres tomar al Niño Jesús en tus brazos? Seguro
que la Virgen te deja, porque sabe que le quieres mucho.
—¡Sí! —exclamó sonriendo y con fuerza. Yo continué:
—Alexia, ¿ves qué contento está el Niño Jesús y cómo le
gusta estar contigo y que le arrimes su cara a la tuya? —Alexia, con una
expresión de gran felicidad seguía afirmando:
—¡Sí!.
Su respiración se hizo más espaciada aunque sin fatiga.
—Alexia, te está esperando la Virgen que te quiere más de lo
que yo te quiero aunque no puedo imaginarme que nadie te quiera más de lo que
yo te quiero. —Una vez más aseguró:
—¡Sí!
Hija, te vas al Cielo.
—¡Sí!, —afirmó nuevamente.
—¿Estás contenta?
—¡Sí!. "¿Eres feliz?"
—¡Sí! —y diciendo «¡sí!» se fue.
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te AMO Alexia te amo te quiero muchísimo.
ResponderEliminarTe amo Alexia, te amo muchísimo ojala y Dios permita conocerte algún día.
ResponderEliminarte AMO Alexia te amo te quiero muchísimo.
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