martes, 23 de diciembre de 2014

No temas, José

 Queridos hermanos en Cristo

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Dijo el ángel: «José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su Pueblo de todos sus pecados»...

No soy predicador, pero les comparto lo que este impresionante texto me dice al corazón.

Fíjense primero que el ángel nombra a María «esposa de San José», y lo era porque para los judíos los novios oficialmente comprometidos ya lo eran, llegado el caso que engendraran un hijo antes de los esponsales, ese fruto sería legítimo, y nadie condenaría o acusaría de pecado grave a los novios. Era un casamiento en dos tiempos...

Pasó que María estando ya comprometida oficial y públicamente con José, recibió la visita del ángel, y dado su consentimiento, Dios engendró ya a Jesús, y en prueba de su poder le comunica a María que «La viejita Isabel ya estaba en su sexto mes».

Ni tiempo hubo de comunicarle a José, que por otro lado no entendería, y así María partió a lo de Zacarías sin demora alguna, a darles el auxilio de su juventud.

José, recibió recado de María avisándole de su partida urgente a auxiliar a Isabel, y «como era justo, y conocía la pureza y generosidad de su prometida», nada turbó su corazón, y antes bien habría considerado «muy buena decisión la de María», y se ocupó de sus quehaceres mientras seguía preparando lo necesario para su próxima boda con María.

María, «ayudó a Isabel, y cumplido su cometido regresó», con toda naturalidad «luciendo la cinta atada a su cintura», costumbre y protección de la mujer embarazada, que al dar aviso de su estado «vistiendo la cinta», se aseguraba no ser exigida ni maltratada por los hombres mientras gestaba.

imagenesdelavirgenmaria.com
Encinta, entró a Nazaret, y nadie se escandalizó por ello, eran comprometidos oficialmente, esposos para ley judía, aun cuando todavía no Vivian juntos.

Algún vecino comedido habría corrido a avisar a José del regreso de María, y le habría felicitado porque Dios los había bendecido con un embarazo....

Me imagino al joven José, con ojos grandes, recibiendo la noticia del estado de María, sin poder decir palabra alguna.

Seguramente esto habrá pasado lejos de María, tal vez José trabajando apartado en casa de algún cliente...

Terminada la jornada, vuelve pensativo por el camino de Nazaret, ya anocheciendo, y meditando en su corazón la enormidad de la noticia recibida.

Decimos de María «que nunca se negò a la voluntad y deseo de Dios», y que todo lo hizo «abandonándose en las manos de Dios»....

Y ¡José?

José era un justo, vivía cabalmente la ley de Dios, no como el fariseo «formalmente», sino «de todo corazón», con toda su alma puesta a servir a Dios por amor a Él. Todo lo prescripto, José lo practicaba con el corazón encendido de amor por su Dios.

Y su relación con María, su prometida, correría por estos andariveles de «hacer lo que Dios manda como Dios lo manda».

Hombre puro y casto, por amor a Dios, tenia la exquisita sencibilidad del bien, y de percibirlo.

Y María, habría impactado todo su ser «en esa realidad de su pureza, de concebida sin pecado», más allá de que esto fuera explícitamente conocido.

José «sabia quién era María», conocía y percibió toda su naturaleza y perfección. Y jamás dudaría de ella.

La noticia del embarazo de María no lo hirió, y su temor se manifestó primero al verse desbordado por la evidencia del actuar de Dios, e inmediatamente verse ante esta realidad de «persona Sagrada» en que se había convertido su esposa.

Intenta huir de esa presencia explicita de Dios, como todos los profetas que al oír la palabra y la voz de Dios, caían en tierra y se tapaban el rostro atemorizados.

Más sosegado de esta primera realidad, hombre justo, no sería capaz de apropiarse de lo que no era de él, este niño no era suyo y como no dudaba de la fidelidad de María, rápidamente entro en la cuenta de quien era ese niño, el Mesías...

Pero... ¿cómo poder explicar esto y que le creyeran?, a la mínima respuesta diciendo «este no es hijo mío"», condenaba a su esposa de adulterio, porque bien sabía que nadie le creería la explicación del milagro que ya su corazón puro había descubierto y admirado...

¡Grande José!, el más grande de todos, que pudo darse cuenta sin dudar...

Y en su amor a María y al fruto de su vientre, decide esta locura de amor...

No podía apropiarse del Niño, era justo: ¡no mentiria!

Y no mentir era la condena para María, a quien amaba ya más a partir de esta realidad santa. ¡Qué le quedaba entonces?

Callar, y para no verse en situación de mentir, huir de allí, hacerse a un lado, confiando en que Dios haría lo necesario para evitarle el mal a María.

En esas estaba cuando en sueños se le apareció el ángel y le dijo, lo que arriba transcribí.

¡Qué maravilla, como Dios fue disponiendo y salvaguardando todo, aun la autoridad de José frente al mismo Niño Dios, haciéndolo padre putativo de Él!

www.infovatcana.org

Lo cual quedó cumplido cuando José, en el dia de la circuncisión le puso por nombre «Jesús», obedeciendo el mandato de Dios, que lo hizo por ese acto «padre del Salvador».

Digo, aclarando, que «sólo el padre de la criatura podía ponerle nombre". Y José no lo hizo por derecho propio, lo hizo cumpliendo el mandato divino. Esa obediencia le valió, por la gracia de Dios, quedar transformado en su padre aquí en la Tierra.

¡Qué grande es Dios, y hasta que alturas fue elevado San José!

Dios no podría ponerle a María un ordinario cualquiera.

Dios puso al más grande hombre, al más probado en su amor y en su fidelidad a sus proyectos.

Si todo es poco para alabar a María, lo mismo sucede con San José.

Tan gran hombre era necesario a tan gran mujer, y los dos al Hijko del mismo Dios.

Bueno, tengan un lindo y pacifico atardecer.

Raúl Clavijo.
Miembro de Cristo amigo

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